En un cálido día de verano, lleno del aroma de hierbas y flores, paseaba la pequeña ratoncita gris Josefina por el claro del bosque. Estaba recogiendo flores para un ramo cuando de repente vio en el camino una espiga de trigo.
La ratoncita Josefina la levantó, la examinó, y estaba completamente llena de granos dorados y maduros, desde el tallo hasta la punta. La pequeña ratoncita la llevó junto con las flores a su madriguera, que estaba en el otro extremo del claro del bosque. Caminaba encorvada bajo el peso de la espiga, cuando se encontró con el conejito miedoso Orejas Largas.
Miró cómo se esforzaba la ratoncita y le dijo:
¡Eh, ratoncita Josefina! ¿Para qué querés esa espiga tan pesada? No la lleves, no te esfuerces tanto. ¡Tirala!
Josefina miró a Orejotas con una mirada de reproche y le dijo:
No, no voy a dejar la espiga, no la voy a tirar, todavía me va a servir mucho.
Y siguió su camino con su pesada carga. Caminaba y caminaba, y de repente vio en un alto pino frondoso a la ardilla Colita Esponjosa sentada, comiendo nueces y piñones.
La ardillita también vio a Josefina y le dijo:
Ratoncita, la espiga es tan pesada, tan grande, debe ser difícil llevarla. Dejala, así te será más fácil caminar.
No, no la voy a dejar.
Dijo la ratoncita con voz cansada, y siguió su camino hacia su acogedora madriguera. Durante mucho tiempo todavía caminó la pequeña Josefina por el claro, cansada. Entró en su madriguera, descansó un poco, tomó un dispositivo especial para trillar, trilló la espiga y todos los granos cayeron.
Los tamizó, los echó en el molinillo, molió los granos y salió harina. La harina que obtuvo Josefina era blanquísima y esponjosita. Tomó un puñado de manteca, huevos, azúcar y amasó la masa. La ratoncita encendió el horno y horneó empanadas con diferentes rellenos: de frambuesa, de nueces, de hongos, de queso...
Las empanadas salieron doraditas, apetitosas y aromáticas. El aroma se sentía por todo el bosque. Luego la ratoncita Josefina preparó un mate de hierbas del bosque, puso la mesa e invitó al conejito Orejas Largas y a la ardillita Colita Esponjosa.
Ellos se sorprendieron mucho:
Josefina, ¿de dónde salieron estas delicias?
Todo esto salió de aquella espiguita.
Les respondió la ratoncita.
Yo trabajé, no fui vaga, y las empanadas son el resultado de mi esfuerzo. Sírvanse y piensen bien, acuérdense de cómo me querían convencer de que abandonara la valiosa espiga, sin la cual no habrían salido estas empanadas tan ricas y aromáticas.
En las palabras de la pequeña ratoncita resonaba una gran sabiduría sobre que todo trabajo es recompensado y nunca es en vano. Y se valora especialmente lo que uno hace por sí mismo, con sus propias manos y esfuerzo.