El ingeniero distraído
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El ingeniero distraído

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Un cuento sobre un ingeniero talentoso pero muy distraído que quería hacer un espectáculo memorable para la gente con un fuego artificial extraordinario, pero en cambio terminó llevando a toda la ciudad a un viaje inesperado.

Sonaban voces alegres por toda la calle. Hoy los habitantes de la ciudad verían el fuego artificial más hermoso, más interesante e inusual que jamás haya creado un ingeniero.

¡A todos, a todos, a todos los esperamos hoy a las diecisiete horas en la plaza!

Este fuego artificial fue creado por un ingeniero llamado Leonardo. Era uno de los mejores inventores de la ciudad y frecuentemente demostraba sus ideas a la gente.

Atención, no se lo pierdan, hoy podrán ver algo increíble. Se lanzará al cielo un fuego artificial que ningún ser humano ha visto antes.

Esta vez decidió alegrar al pueblo con un fuego artificial hermoso, brillante y asombroso, porque en la ciudad había muy pocas fiestas donde todos se reunían juntos.

Y llegó la noche tan esperada. Las mujeres vinieron con vestidos hermosos, algunos hombres lucían esmóquines elegantes. A los niños les repartían globos gratis, y alrededor sonaba música fuerte y alegre. Todos esperaban el espectáculo.

¡Buenas noches!

Sonó un ruido fuerte cuando la música se apagó.

¡Me alegra recibirlos en mi espectáculo colorido y mágico!

En el escenario, con micrófono en mano, estaba el ingeniero y constructor Leonardo.

Póngananse cómodos, en unos minutos comenzará nuestro espectáculo tan esperado.

Leonardo era un ingeniero muy talentoso. Todos sus inventos siempre tenían éxito, la gente en la ciudad lo conocía y le encantaba asistir a las demostraciones de sus inventos.

El ingeniero era un poco extraño: casi no hablaba y constantemente murmuraba algo para sí mismo. Además, siempre llevaba auriculares para que ningún ruido lo distrajera del desarrollo de su próximo invento.

Vivía solo en un pequeño departamento en las afueras de la ciudad. Y tenía una particularidad: era terriblemente olvidadizo y distraído, como todos los inventores talentosos. Una vez salió de casa con zapatos diferentes, y otra vez olvidó cerrar la llave del agua e inundó a los vecinos de abajo.

Y llegó el momento tan esperado. La gente esperaba el espectáculo: aplaudían, silbaban, gritaban y reían. Sonó la música festiva y alrededor brillaban los reflectores. En unos segundos, millones de lucecitas hermosas y multicolores volarían al cielo.

El ingeniero estaba sentado frente al panel de control, y todo parecía que saldría perfecto. Todo estaba listo, solo faltaba presionar el botón. Para lanzar el fuego artificial, era necesario usar unos antifaces especiales que se repartían a los invitados en la entrada.

Y de repente algo brilló, chisporroteó, se escuchó un estruendo terrible y toda la ciudad se sumergió en la oscuridad...

... Mañana. El sol brillante brillaba sobre sus cabezas. Monos corrían por la arena, loros volaban. En toda esta magnificencia caminaban personas, sin ver nada y chocando contra piedras. Resultó que eran las personas que vinieron a ver el fuego artificial. El espectáculo no sucedió, pero debido a la distracción del ingeniero, quien presionó el botón equivocado, todos los invitados terminaron en una isla deshabitada.

Los antifaces que recibieron en la fiesta cubrían los ojos de la gente. Por eso no veían nada alrededor.

Y solo un niño, liberando sus ojos, gritó:

¿Dónde estamos? ¡Gente, quítense los antifaces de los ojos!

Las personas alrededor estaban confundidas. ¿Cómo pudo suceder esto? ¿Cómo llegaron todos aquí? Entonces decidieron que de todas formas necesitaban regresar a casa. ¿Pero cómo? Estaban rodeados de mar.

¿Y si construimos un barco y nos vamos de aquí en él?

Propuso un hombre que era jardinero de profesión.

Decidieron recoger ramas secas, atarlas con lianas y partir. Pero, por supuesto, fracasaron. Una ola volcó la balsa y todos cayeron al agua.

¿Y si cortamos troncos, construimos una balsa y nos vamos a la ciudad?

Propuso un leñador.

Todos apoyaron esta idea, pero desafortunadamente volvieron a fracasar y no pudieron regresar a su ciudad.

Mientras tanto, nuestro ingeniero caminaba por la costa. Y como tenía auriculares en los oídos y un antiface en los ojos que olvidó quitarse, Leonardo no sabía que estaba en una isla deshabitada junto con todos los demás.

¡Ayuda!

Gritaban las personas, y al ver al ingeniero, corrieron pidiendo ayuda, porque era muy inteligente y seguramente se le ocurriría algo.

Cuando el ingeniero se quitó el antiface, miró alrededor con sorpresa y comprendió que él era el culpable de todo, porque presionó el botón equivocado y en lugar del fuego artificial, envió a la gente aquí.

El ingeniero comenzó a pensar cómo ayudar a todos a regresar a su ciudad. Y de repente vio un barco en el horizonte. Entonces se le ocurrió una idea: lanzar fuegos artificiales al cielo que sirvieran como señal de "SOS".

En el bolsillo de su chaqueta tenía un control remoto. El ingeniero presionó el botón correcto y los fuegos artificiales volaron al cielo. En cinco minutos el barco ya estaba en la isla. Las personas felices y alegres se abrazaban unas a otras, y muy pronto todos estaban en sus casas con sus seres queridos.

Lean cuentos de hadas y ¡nunca les sucederá nada parecido!

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