Había una vez un erizo en el bosque.
Parecido a su mamá.
Tan pinchudo como ella.
Una vez, acurrucado,
Estaba acostado
Y dormía bajo un arbusto verde.
Y soñaba un sueño maravilloso.
Y una zorra pasaba corriendo junto a él.
Y le pareció como si una avispa
De repente y descaradamente lo hubiera picado.
Pero fue una púa la que se le clavó en la pata.
La zorra gritó: "¡Ay, qué dolor!
tengo!".
Y su voz sonaba descontenta.
El erizo se despertó por el gemido de la zorra.
La zorra lo miró con enojo y
severidad.
"Perdóneme, ― dijo el erizo avergonzado,
― No quería pinchar su
pata.
Vos, zorrita, ¡mejor mirá dónde pisás!".
Sí, estos erizos son muy pinchudos…