Primavera. El sol brilla intensamente. En el borde del bosque aparece pasto verde y florecen las primeras flores.
La joven Eriza se despertó en su cómoda, cálida madriguera forrada de musgo después de la hibernación invernal. Para el invierno se había preparado a conciencia, como le enseñó su mamá: había traído mucho musgo, acumuló grasa bajo la piel e hizo reservas de comida para los largos meses de invierno. Así que durmió muy dulcemente.
La Eriza se estiró, bostezó, abrió bien los ojitos y pensó: "Hace calor en mi madriguera, pero llegó la primavera. Es hora de salir a la luz y ver qué sucede en el bosque".
Y en el bosque estaba hermoso. Los rayos cálidos envolvían y calentaban la tierra. Por todas partes florecían los primeros brotes. Los árboles estaban con yemas hinchadas: en cualquier momento aparecerían las hojas verdes.
La joven Eriza respiró el aire fresco de primavera, estiró las púas de su pelaje y miró alrededor. ¿Qué podría comer? De repente salió de la tierra una lombriz. La Eriza la atrapó… y se la comió.
Cuánto tiempo hace que no disfruto de tales delicias, ― pensó.
Mientras ella observaba las flores tempranas, se le acercó un joven Erizo.
¡Hola, Eriza! ¿Cómo estás? ¿Acabas de despertar? Yo ya llevo dos días aquí paseando, buscando amigos. ¡Vamos a ser amigos!
Buenos días, ― respondió tímidamente la Eriza. ― Acabo de salir a la tierra y no conozco a nadie.
Nuestras madrigueras están cerca, así que somos vecinos. ¡Y los vecinos bien pueden convertirse en amigos! Ya conocí a Topo. Vive con su mamá y hermanas muy cerca. Él y yo tenemos mucho en común: nos encantan las lombrices y pasamos todo el invierno bajo tierra. Solo que los topos no duermen, sino que caminan por sus túneles subterráneos, mientras que nosotros dormimos en una madriguera cómoda. En primavera, Topo asoma la cabeza y se queda en un lugar porque los rayos de sol lo ciegan. Pero nosotros salimos a la superficie, nos calentamos al sol, paseamos por el bosque y conocemos nuevos amigos.
¿Pero qué son los amigos y la amistad? ― preguntó la Eriza.
Escuché a la vieja Lechuza decir que un amigo es alguien que siempre está cerca. Los amigos van juntos a buscar hongos y bayas, buscan comida. Y la amistad es cuando tienes muchos amigos y todos se ayudan mutuamente.
¿Cómo así se ayudan? ― se sorprendió la Eriza.
Por ejemplo, si nos ataca un Búho, un Águila u otro pájaro depredador. O quizás sea una Zorra o un Lobo. Y juntos enfrentamos al enemigo, nos ayudamos mutuamente. Nos enrollamos en bolitas y sacamos nuestras púas. El enemigo se pincha, se asusta y huye. O, por ejemplo, si tú construyes una madriguera, yo te ayudo a aislarla. Y después tú me ayudas a mí. ¿Entiendes?
Apenas el Erizo terminó de decir esto, la sombra oscura de una gran ala de pájaro cubrió a los amigos.
¡Rápido, métete en la madriguera! ¡Peligro! ¡Enemigo! ― gritó fuerte.
La joven Eriza se asustó tanto que en un instante cayó al fondo de la madriguera.
¿Qué fue eso? Después de dormir tanto tiempo olvidé a todos nuestros enemigos. ¡Qué valiente es mi vecino, me advirtió a tiempo! Ahora tendré más cuidado, ― pensaba mientras yacía en el musgo suave.
Después de un tiempo, la Eriza se atrevió a asomar la cabeza de la madriguera.
¿Por qué te quedaste tanto tiempo en casa? ¿Te asustaste mucho? ― le preguntó el Erizo. Él estaba esperando que apareciera su vecina.
Sí, me asusté.
¿Quieres ser mi amiga? De a dos es más divertido y más seguro.
Sí, tú vives cerca.
Vamos, te presentaré a Topo, ― y el Erizo llevó a la joven Eriza por el sendero del bosque.
¡Mira qué hermoso es todo alrededor! ― se maravillaba la Eriza del bosque primaveral.
Lo importante es que no bajes la guardia, por si acaso el enemigo aparece de nuevo, ― prevenía el Erizo a su amiga.
¡Mira, voló un escarabajo de mayo! Ojalá pudiera atraparlo y comerlo, ― dijo soñadoramente la Eriza.
Al llegar a la madriguera de Topo, el Erizo gritó fuerte: "¡Topo, vinimos a verte! ¡Somos tus amigos!". Después de unos minutos, asomó la cabeza y luego salió completamente Topo.
¡Hola! ¿Y quién es este contigo, Erizo?
Es mi vecina Eriza. ¿La aceptas como amiga?
Te veo mal, pero siento tu olor. Claro que la acepto como amiga. Cuando hay muchos amigos, eso es bueno. Acércate, Eriza, te voy a convidar, ― y Topo le dio pasto verde fresco.
¡Muchas gracias! Pero yo no traje un regalo, ― se entristeció la Eriza.
Pero yo sí traje, ― dijo el Erizo y le pasó a Topo una lombriz.
¡Gracias, Erizito!
De nada, lo hice de corazón… por nuestra amistad.
¡Acostémonos al sol y calentemos nuestras pancitas! ― propuso Topo.
Los tres amigos se acostaron en el pasto verde cálido boca arriba, y los rayos de sol de primavera comenzaron a calentarlos.