En un bosque vivía un conejito. Era muy apurado: apenas se despertaba, ya salía corriendo a pasear. No le gustaba cepillarse los dientes ni lavarse. En cambio, a menudo se sentaba en el claro y se enojaba porque sus amigos no llegaban tan temprano.
Un día el conejito esperaba nuevamente a sus amiguitos y, finalmente, vio a lo lejos al erizo.
Erizo, ¿por qué tardas tanto? ― preguntó.
No me gusta apurarme ― respondió el erizo ―, necesito lavarme, desayunar, cepillarme los dientes. Y solo después salgo a pasear.
¡Ay, qué aburrido! ― dijo el conejito ―. No me gusta perder tiempo. ¿Para qué lavarse y cepillarse los dientes? Es mejor llegar al claro más temprano.
Eso no es correcto ― replicó el erizo ―, así los dientes pueden enfermarse. ¡Pregúntale a cualquiera!
En ese momento ya se habían reunido sus amigos en el claro.
Ardilla, ¿tú te cepillas los dientes? ― preguntó el conejito.
¡Por supuesto! ¡Necesito dientes fuertes para roer nueces! ― respondió la ardilla.
Qué aburridos son ustedes ― dijo el conejito ―, ¡mejor juguemos!
Comenzaron a correr por el claro, saltar sobre los arroyos, recoger flores hermosas. Y cuando llegó la hora del almuerzo, todos los amigos se fueron corriendo a sus casas.
¡Qué genial que tengo un puñado de caramelos en el bolsillo! ― dijo el conejito ―. No necesito ir a casa a almorzar, puedo comerlos.
¡Comes demasiados dulces! Tus dientes seguro van a enfermarse ― le respondió el Erizo.
¡Tonterías! Tengo dientes buenos y fuertes. ¡Mira!
El conejito arrancó una manzana de la rama y le dio un mordisco.
¡Ay! ¡Mis dientes! ¡Qué dolor! ― de repente gritó y comenzó a llorar.
El erizo suspiró con compasión.
Te lo advertí. Ahora tienes que ir donde la tía Lechuza. Ella es doctora. Ella te ayudará.
La tía Lechuza rápidamente curó los dientes del conejito.
Debes recordar que los dientes hay que cepillarse cada día ― dijo ―, y además comer menos dulces y enjuagarte la boca. Si no, los dientes siempre te van a doler. ¡Incluso pueden ofenderse contigo y desaparecer para siempre!
Desde entonces el conejito comenzó a cuidar sus dientes. Y nunca más volvieron a dolerle.