Seguramente, mi amigo, has escuchado muchas veces de tus padres que hay que prepararse con anticipación. Pero muy pocos de nosotros realmente lo hacemos. ¿Y para qué hay que empacar la mochila con anticipación de todas formas?
Así pensaba el niño Juan. Casi cada mañana llegaba tarde junto con su papá, uno a la escuela y otro al trabajo.
Y así sucedió también esta mañana...
Papá, ¿no viste mi mochila? ¿Y dónde está mi uniforme escolar?
Gritaba Juan, corriendo por el pasillo.
Hijo, estoy llegando tarde al trabajo. Vamos, apúrate a prepararte.
Respondió el padre bruscamente.
Bueno, papá, yo también estoy llegando tarde a la escuela. Además, mi mochila desapareció.
Pregúntale a tu mamá. Yo tampoco puedo encontrar mi corbata.
Y entonces la mamá salió al pasillo. Le entregó a Juan la mochila ya empacada y le pasó su corbata al papá.
Por eso siempre les digo que hay que preparar las cosas y empacar la mochila con anticipación.
Dijo la mamá con firmeza, pero con calma.
Pero nadie la escuchaba ya. Juan y su papá llegaban muy tarde. Bajaron rápidamente las escaleras y saltaron al automóvil.
Ahora no llegaremos tarde.
Dijo el papá aliviado.
Pero cuando salió a la carretera, vio un embotellamiento enorme. El asunto era que el invierno ese año decidió llegar antes de lo previsto. La nieve cayó durante la noche. Y muchos conductores no tuvieron tiempo de preparar sus vehículos para el invierno. Incluyendo al papá de Juan.
Tampoco se preparó con anticipación para el invierno. Y fue un error... Porque precisamente por eso hubo muchos accidentes en la carretera ese día.
Juan vio cómo un automóvil se deslizó fuertemente en una curva y casi choca contra un poste.
Papá, qué horror.
Gritó Juan, señalando el automóvil que había quedado en la banquina.
Sí, hijo. Hay que preparar el automóvil para el invierno con anticipación. Y además, no hay que hacer giros bruscos con este tipo de clima.
El papá de Juan se arrepentía mucho de no haber preparado su automóvil para el invierno. Porque conducir ese día era realmente difícil.
El papá de Juan estaba pensativo, pero su hijo interrumpió sus reflexiones.
Sabes, papá. Tu mamá tiene razón cuando nos dice todo el tiempo que hay que hacer todo con anticipación. Si hubiera empacado mi mochila anoche, no habría gastado tanto tiempo esta mañana buscando mis útiles escolares, y no habríamos llegado tarde.
Tienes razón, hijo. Todo hay que hacerlo con anticipación.
Respondió el padre, quien incluso sintió vergüenza de no haber seguido el consejo realmente valioso de su esposa.