Cada uno de nosotros tiene su estación favorita del año. Y en un reino vivía una princesa que amaba todas las estaciones del año, excepto la primavera. Todo sucedió por un incidente desagradable que le ocurrió a la niña cuando era muy pequeña.
La princesa tenía menos de un año cuando aprendió a caminar. Afuera era primavera, la nieve se derretía y aparecía el primer pasto. Pero estaba muy fangoso: corrían arroyos y había enormes charcos. Y cuando la niña salió a pasear con su mamá, resbaló y cayó directamente en un gran charco. Los niños y adultos que jugaban en el jardín comenzaron a reírse de ella. Desde entonces, la niña no jugaba con otros niños, le avergonzaba ese incidente. Y desde entonces tampoco amaba la primavera.
Tan pronto como llegaba la primavera, la niña no salía a la calle. Y cuando creció y se convirtió en una hermosa joven, le hizo una petición a su padre.
Dime, padre, ¿tú eres el rey?
Preguntó ella un día.
Es verdad, mi hija, ¡soy un verdadero rey!
¿Tienes derecho a emitir decretos que todos deben obedecer?
¡Mis decretos se cumplen sin objeción!
Entonces prohíbe la primavera.
¿Qué dices? Sí, soy rey. Pero no tengo derecho a interferir con las leyes de la naturaleza. ¿Y por qué no te gusta tanto la primavera?
Se sorprendió el rey.
Simplemente es la peor estación del año.
Yo no lo creo. Me encanta la primavera. La naturaleza despierta. Los árboles están todos en flor. Qué belleza...
¿Cómo puedes amar la primavera? ¡Fue precisamente en esta estación cuando tu hija fue deshonrada!
Gritó la princesa y se fue llorando.
El rey y la reina ya habían intentado más de una vez descubrir por qué la princesa no amaba tanto la primavera, pero nunca lo lograron. Y la reina misma había olvidado hace mucho ese incidente del charco, pues habían pasado casi 16 años. Y en el reino nadie lo recordaba. Pero la princesa pensaba diferente.
Durante estos 16 años no jugó con otros niños en el jardín, pues estaba segura de que se burlarían de ella. Prefería leer libros sentada en un rincón apartado del jardín, donde nunca había nadie.
Una mañana fría, la chica estaba sentada en un banco como de costumbre, leyendo otro libro. Le encantaban las historias de amor. Y en un día podía leer un libro completo sin interrumpirse ni siquiera para comer.
De repente, un joven se sentó en el banco junto a ella. Era muy atractivo y la chica se enamoró de él a primera vista.
Hola, me llamo Marcos. ¿Por qué estás sentada aquí sola?
Preguntó el joven.
Prefiero la soledad.
Perdón, no lo sabía. Entonces me voy.
Puedes quedarte.
Respondió avergonzada la princesa.
Mejor ven conmigo. Allá es muy divertido. Y tú estás triste aquí sola.
No puedo. Se burlarían de mí.
¿Por qué piensas eso?
Verás, cuando era pequeña, fui humillada por esta horrible primavera.
Se confesó la princesa.
¿Qué? Estoy seguro de que nadie ya lo recuerda.
Él tomó la mano de la princesa y la llevó con los otros.
Las chicas y chicos la recibieron con alegría, y comenzaron a jugar juntos a las bolas de nieve y a andar en trineo. La princesa se divertía mucho. Y en realidad, vio que nadie se burlaba de ella. Resultó que todos estos años había evitado innecesariamente a sus compañeros. Y entonces la chica se preguntó: "¿Quizás no tenía razón en no amar la primavera?"
Pasadas algunas semanas, comenzó a llegar la primavera. El sol brillaba cada vez más fuerte y calentaba más cada día. Los pájaros cantaban canciones, los árboles florecían. Y la princesa vio que no había nada malo en la primavera, había estado equivocada al no amarla. La primavera le parecía aún más atractiva porque en su corazón había nacido un sentimiento maravilloso llamado amor.
La princesa y Marcos pasaban bastante tiempo juntos. Se amaban el uno al otro y después de un tiempo se casaron. Y para su boda, los jóvenes eligieron una estación especial: la primavera. Pues fue en primavera cuando nació su amor.
Y la princesa comenzó a tratar esta estación del año con especial devoción.