Cómo Martita navegaba por Internet
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Cómo Martita navegaba por Internet

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Cuento terapéutico sobre los perjuicios de los dispositivos conectados a Internet y cómo ayudar a los niños a desconectarse. En el cuento, Marta está muy enganchada a los dispositivos y a Internet.

En una pequeñita ciudad, muy lejos de Buenos Aires, vivía una nena llamada Marta. Y parecía tenerlo todo: era linda, inteligente y ya estaba lista para empezar primer grado. Pero tenía un deseo muy fuerte de estar en Internet.

Dale, ma, comprame una tablet.

Se escuchaba todos los días en su casa.

Pero la madre no cedía al principio. Una y otra vez le preguntaba:

¿Para qué querés una tablet, hijita? ¿Acaso no tenés nada que hacer? Mirá qué naturaleza tenemos acá, qué naturaleza…

Pero Marta no se daba por vencida y volvía a empezar con su canción:

Quiero estar en Internet, como Valeria. Hay un montón de cosas, ma… Valeria dice que hay aplicaciones educativas. ¡Con la tablet voy a ser re inteligente en la escuela!

Y un día se ablandó el corazón de la madre amorosa. Juntó plata como pudo, pidió prestado a los vecinos, y un día trajo una tablet. Se la entregó a Martita que brillaba de felicidad, sonrió pensando en sus cosas y se fue a trabajar en la huerta.

Martita se sentó en el sillón con la tablet y se puso a jugar. Y realmente había de todo… Podía chatear con sus amigas, ver videos coloridos, un montón de imágenes brillantes y música movida.

Y Marta no se dio cuenta de cómo pasó el día entero. Vino su mamá y chasqueó la lengua indignada:

¿Así que te la pasaste todo el día acá sentada? ¡A dormir ya!

¡Dale, cinco minutitos más!

Pero la madre fue inflexible:

¡Ya son las diez de la noche! Todas las nenas decentes ya están durmiendo.

De mala gana, Marta dejó la tablet y se fue a dormir. Y soñó que se había convertido en la persona más popular de Internet. Por eso en el sueño Martita sonreía ampliamente, enterneciendo a su mamá.

El día siguiente también pasó. Solo que a la mamá de Martita le iban a venir visitas. Ella estuvo todo el día ocupada en la casa, pero Martita se negaba a ayudarla. La mamá tuvo que hacer todo sola: poner la mesa, limpiar la casa y trabajar en la huerta.

Marta solo se sacaba de encima sus pedidos, porque en Internet era más interesante. Y hasta cuando Valeria vino con su madre, Marta ni siquiera giró la cabeza hacia ella. La mamá solo movió la cabeza con pesar y se fue.

Y Marta ni se dio cuenta de cómo pasó el día, y se durmió directamente con la tablet en las manos.

No se sabe cuánto durmió, pero se despertó en un cuarto oscuro, muy oscuro.

Maaaaa.

Llamó Marta, pero nadie respondió. Asustada, la nena se levantó de un salto, se puso las pantuflas y recorrió toda la casa. Pero no había nadie.

Se fue.

De repente se escuchó una voz. Y con horror Marta descubrió que venía de la tablet.

¿Qué pasó? ¿Adónde se fue?

Preguntó la nena con voz temblorosa.

¿Acaso importa? Ya es octubre, se fue a la ciudad.

¿Octubre? ¿Y yo qué? ¡Yo tenía que empezar la escuela!

Marta se agarró la cabeza con las manos, consternada.

¿Para qué la necesitás, pensalo bien? Acá tengo todo: vos y yo juntos vamos a aprender el programa escolar solos.

A Marta hasta le pareció que en la pantalla negra apareció una sonrisa burlona.

¿Y Valeria? ¿Mamá, los compañeros? No, así no puede ser.

Todo eso son pavadas, pronto te vas a olvidar. Tu mamá no va a volver, está enojada con vos. Y vamos a estar juntos toda la vida. Te voy a mostrar tantos juegos, tantos videos. ¿Querés?

Nooooo.

Marta retrocedió asustada.

No-no-no-no.

Y empezó a gritar. Se sentó en el piso y simplemente empezó a gritar… Hasta que de repente se despertó.

¿Qué pasa, Martita? ¿Tuviste una pesadilla?

La mamá asustada apareció en la puerta del cuarto.

Nada, mamita.

Marta corrió hacia su mamá y la abrazó fuerte.

Perdoname. Ahora siempre, siempre te voy a ayudar en la casa. Y esta tablet la voy a tirar.

La mamá sorprendida acariciaba la cabeza de Marta y no entendía qué había pasado. Quizás sea para bien. Pero Marta volvió a ser la de antes y no pasaba más de una hora con la tablet. No fuera a ser que volvieran esas pesadillas horribles.

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El cuento Cómo Martita navegaba por Internet está disponible en formato FB2 para móviles, tabletas, ordenadores y lectores electrónicos.
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