Marcia escuchó a alguien llorando lastimosamente cerca de su puerta. Resultó que era la gata Murka, que vivía en el patio vecino, y había perdido a sus gatitos.
Marcia decidió ayudar a su vecina y le preguntó cómo se veían. Murka dijo que eran hermosos y esponjosos. Las gatas se fueron a buscar, y en el camino se encontraron con el gato naranja Timoteo que tenía a los gatitos.
Él contó que los gatitos desobedientes habían corrido tras unos ratoncillos traviesos y se habían perdido. Caminaron durante mucho tiempo por calles desconocidas, hasta que se encontraron con el bondadoso gato Timoteo, quien decidió ayudarles.
Las gatas agradecieron al gato comprensivo, y les explicaron a los gatitos que todavía eran muy pequeños y que era demasiado pronto y peligroso para ellos pasear sin su mamá.
Marcia les regaló a los gatitos pelotas y ratones de juguete para jugar.
A sus nuevos amigos los invitó a su casa y los agasajó con deliciosa crema agria.