En un jardín mágico las flores estaban vivas, como si fueran personas. ¡Qué variedad había en ese jardín! Rosas rojas exuberantes, prímulas azules como el cielo, orquídeas exóticas… Todas las flores eran amigas entre sí, reían, jugaban, se visitaban unas a otras.
Pero entre las flores había un joven llamado Narciso: se distinguía por su belleza especial y, al mismo tiempo, por su arrogancia. No era amigo de nadie, respondía a las preguntas de las flores con burla. Pasaba todos sus días junto al estanque, cuya superficie de agua era serena y reflejaba, como un espejo, su belleza ideal y fría.
Un día todas las flores se reunieron en casa de las alegres hermanas margaritas y comenzaron su juego favorito de "me quiere, no me quiere". La adivinación con margaritas es la más certera. ¡Lo que sale en los pétalos de la margarita es sin duda la verdad! Los invitados habían adivinado sobre todos los habitantes del jardín. Llegó el turno de Narciso.
Las amigas margaritas se rieron.
¡Bueno, acá no hace falta adivinar! ¡Está claro que va a salir "no me quiere"! Él solo se ama a sí mismo.
Pero qué cosa extraña: cuando empezaron a contar por los pétalos, salió "me quiere".
Las flores comenzaron a discutir: unas decían que claramente había un error, que esa flor desagradable y arrogante no podía amar a nadie ni ser amiga de nadie. Otras se preguntaban cómo era posible: la adivinación con margaritas no puede equivocarse. La discusión no cesaba, hasta que la Margarita más valiente propuso una solución.
¿Y si voy yo y hablo con él? Averiguaremos si es verdad o no.
Las flores se rieron, pero la dejaron ir. Se fue a buscar a Narciso por todo el jardín. No tuvo que buscar mucho: estaba junto a su amado estanque espejo, en orgulloso aislamiento.
¡Narciso! ¿Por qué estás acá solo? Seguramente es aburrido estar acá, en compañía de tu propio reflejo, ¿no?
Él no ocultó su irritación.
¡Dejame en paz, Margarita!
Pero ella no se rindió.
¿Por qué te comportás así? ¿Tal vez sos tan grosero porque te sentís solo sin amigos?
Por el silencio avergonzado que siguió, Margarita comprendió que había dado en el clavo. Entonces le propuso a Narciso ir a jugar con las otras flores y lo convenció de que ninguna de ellas sentía irritación o antipatía hacia él. Pero él se negaba categóricamente a abandonar su estanque, creyendo que nadie querría hablar con él. Y entonces Margarita le dijo.
Todo lo que necesitás es sonreír. Ya vas a ver, todas las flores te van a sonreír de vuelta.
¡Cuál fue la sorpresa de las flores cuando vieron a Margarita junto con Narciso! ¡Y por primera vez había una sonrisa en su rostro! Las flores sorprendidas rodearon al joven y comenzaron a bombardearlo con preguntas. Y resultó que para nada era un tipo arrogante, sino más bien todo lo contrario.
Desde entonces en el jardín mágico reinaron la paz y la comprensión mutua. Y Narciso aprendió una lección importante: si querés que el mundo te sonría, ¡sonreí vos primero!