Una vez, el niño Santiago y la niña Ana plantaron un carozo de ciruela. Cuando pasaron muchos años, la ciruela creció, así como Santiago y Ana. Ellos crecieron, vendieron la quinta y se fueron. Y la vendieron a personas malas, que sacudían la ciruela y le rompían las ramas. Y un día un conejo corrió hacia la ciruela y le dice:
¿Qué te pasó, ciruela?
La ciruela le responde:
Me sacuden personas malas, no sé qué hacer.
Le dice el conejo:
Tengo una idea, conviértete en llorona. Y si una persona mala come tu ciruela, va a llorar.
La ciruela estuvo de acuerdo e hizo así.
Vinieron las personas malas. Comen la ciruela y lloran.
Dicen que hasta hoy, si una persona mala come ciruela de ese árbol, va a llorar.