Érase una vez Turbo y Claxon, dos cochecitos que eran los mejores amigos.
Turbo era un hábil sedán de color azul con grandes faros brillantes. Sabía esquivar rápidamente cualquier obstáculo. También le encantaba correr, pero solo cuando no había otros coches en la carretera, para no chocar con nadie.
Claxon era su mejor amiga, su carrocería era de color naranja con techo negro, y su modelo se llamaba «hatchback de tres puertas». Era muy pequeñita, pero muy lista.
Un día los amigos paseaban por la calle y vieron un anuncio colorido: «¡Todos los coches más rápidos y valientes están invitados a la gran carrera de la semana! ¡Venid al circuito central y conseguid el premio!».
Turbo, emocionado, hasta dio un bote:
¡Genial! ¡Soy muy rápido y seguro que ganaré el premio!
Sí, yo también lo creo. Vamos a la carrera.
Los cochecitos llegaron al circuito, y allí había una cola larguísima de otros coches que también habían venido a competir. ¡Y había de todo! Grandes todoterrenos con ruedas del tamaño de Turbo. Pequeños coches de Fórmula 1, más bajos que Claxon. ¡Hasta había venido un camión volquete, te lo imaginas?
Los automóviles presumían unos delante de otros de lo fuertes y ágiles que eran. Uno tenía un motor potente para acelerar rápido. Otro tenía una carrocería muy ligera para que nada le frenara. Un tercero tenía neumáticos lisos para deslizarse fácilmente por el asfalto. Un cuarto tenía un alerón ancho para maniobrar mejor.
Claxon dijo:
Vaya, vaya. ¡Esto sí que va a ser una carrera emocionante! Mira cuántos coches diferentes hay aquí. Por cierto, Turbo, ¿cuál es tu ventaja?
Ay... No lo sé. Siempre he sido muy hábil. Pero aquí hay coches tan preparados que hasta me he quedado desconcertado...
No te preocupes, tengo una idea. Vamos a entrar en la página web de esta carrera y veamos qué mejoras podemos hacer para que ganes seguro. De paso compramos las entradas, porque la cola es ta-a-a-an larga que es horrible.
¡Exacto! ¡Qué buena idea has tenido!
Los amigos se alejaron de la multitud, sacaron el móvil y entraron en la web. Allí leyeron que en la tienda de carreras aún quedaba una mejora de nitro-velocidad que se instala junto al motor. Solo hay que pulsar un botón y el coche da un gran impulso hacia delante. ¡Turbo quería muchísimo ese aparato! Pero era muy caro.
Claxon, ¿qué hacemos? Si compramos el nitro-velocidad, no nos llegará el dinero para una entrada en primera fila. Y tendrás que sentarte muy atrás, donde casi no se ve el circuito.
Su amiga respondió:
Pero en cambio, si compramos la mejora, ¡seguro que ganas! Eres tan hábil, y sé que mereces llevarte el premio.
Turbo se quedó pensativo. Quería mucho que su mejor amiga tuviera buena visibilidad. Pero también deseaba muchísimo el trofeo del coche más rápido.
¿Seguro que no te enfadarás por tener malas localidades?
¡Pues claro que no me enfadaré! Vamos a comprarlo.
Compraron el nitro-velocidad y una entrada para las gradas lejanas, y además registraron a Turbo como participante de la carrera. Luego fueron al circuito. Turbo pasó por la puerta de los corredores, y Claxon se fue a buscar su sitio.
Comenzó la carrera. El pequeño coche naranja no podía ver nada, porque era bajito y delante de ella había muchos otros automóviles. Gritaban y saltaban animando a los suyos, así que no entendía qué pasaba en la pista. Pero entonces el locutor anunció por todo el estadio: «¡El título de coche más rápido de la semana es para Turbo!», los espectadores se levantaron y tocaron el claxon alegremente. Claxon también tocó el suyo con todas sus fuerzas, pero ni siquiera se la oía.
Mientras nuestro nuevo héroe estaba en el podio recibiendo el premio, intentaba distinguir el hatchback naranja, pero no pudo verla. Se alegraba de haber ganado, pero se habría alegrado aún más si su amiga hubiera compartido con él la emoción de la persecución.
Después los amigos se encontraron y Claxon felicitó calurosamente a Turbo por la victoria. Pero él dijo:
Habría sido mejor que hubiéramos comprado una entrada en primera fila para que vieras la carrera, y no los maleteros ajenos. Y no importa si hubiera ganado o perdido, al menos yo habría disfrutado de la carrera, ¡y tú de haber visto y oído cómo corríamos! La semana que viene habrá otros campeones, y luego más y más, y es poco probable que alguien recuerde que yo gané aquí una vez. En cambio, los dos recordaríamos cómo fue esta carrera y ¡podríamos hablar de ella!
Y los cochecitos decidieron que la próxima vez siempre elegirían la amistad.