El cuento del Hámster y la Mariposa que fueron de excursión
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El cuento del Hámster y la Mariposa que fueron de excursión

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Un día, dos mejores amigos, el Hámster y la Mariposa, decidieron irse de excursión. La aventura no empezó bien desde el principio: el hámster era demasiado lento y la mariposa quería ir siempre por delante.

Vivían en un frondoso bosque, en un claro lleno de fresas silvestres, dos amigos: el Hámster y la Mariposa. Un día, la Mariposa propuso irse de excursión.

Dicen que detrás de los árboles más altos se esconden auténticas maravillas. ¡Veremos tantas cosas que tendremos recuerdos para todo un año!

Al principio, el prudente Hámster dudaba, pero luego a él también le entraron ganas de ver las maravillas del bosque.

Dicho y hecho. A la mañana siguiente, en cuanto el sol salió sobre el claro de las fresas, se pusieron en camino.

El sendero del bosque los llevaba cada vez más lejos, al encuentro de nuevas aventuras. De repente, el hámster vio a su alrededor un claro completamente cubierto de setas blancas. Se lanzó a recogerlas, olvidándose de todo lo demás. Cuando terminó y miró a su alrededor, ¡la Mariposa había desaparecido! Al llamarla, su amiga apareció enfadada.

¿Por qué te has entretenido tanto? ¡Yo ya he pasado volando por tres claros como este! A este ritmo no vamos a llegar a ninguna parte!

Después del mediodía, el sol empezó a descender hacia el horizonte. El Hámster vio ante ellos un claro lleno de arándanos maravillosos, tan sabrosos y grandes como nunca había visto en su vida. Escarmentado por la experiencia anterior, le pidió a la Mariposa que no se fuera volando y le ayudara.

La Mariposa aceptó, pero no sirvió de mucho: mientras el Hámster recogía pacientemente las bayas, ella solo revoloteaba de un arbusto a otro. El Hámster dividió todo lo recolectado en dos hatillos: uno se lo quedó él y el otro, más pequeño, se lo dio a la Mariposa. Y de nuevo ella se quejó: por culpa del pesado hatillo le resultaba incómodo volar. Durante todo el resto del camino hasta la noche estuvo lloriquenado y protestando.

Anochecía. Los amigos se detuvieron para elegir un lugar donde pasar la noche en un rincón precioso, junto a un arroyo. Pero el humor de la Mariposa no mejoró en absoluto.

¡Hemos perdido todo el día con tus estúpidas paradas! Primero tenías que recoger setas, luego arándanos. Por tu culpa apenas hemos visto nada. Y casi me rompo un ala por culpa de tus dichosos arándanos.

Entonces el Hámster no pudo más.

¿Y de qué vas a alimentarte sin mis setas y arándanos? Si quieres revolotear de árbol en árbol, adelante, que cada uno siga su propio camino. ¡Pero sin provisiones no durarás mucho!

La Mariposa no se rindió.

¿Yo no duraré? ¡Eres tú quien no durará sin mí! Yo puedo elevarme y ver hacia dónde debemos ir. Eso sí, siempre que no me carguen con kilos de arándanos. Tú sin mí te perderías hasta en un pañuelo.

Y entonces el Hámster tuvo una revelación.

Sí, si tú no exploras el camino, nos perderemos. Pero si yo no recojo provisiones para los dos, moriremos de hambre. Perderse es malo, pasar hambre no es mejor. Así que, en lugar de discutir, ¿por qué no unimos nuestros esfuerzos?

Después de pensarlo, la Mariposa estuvo de acuerdo.

En cuanto salió el sol, los amigos volvieron a ponerse en camino. Ahora la Mariposa no perdía el tiempo cuando el Hámster encontraba un claro con frutos del bosque: en esos momentos se elevaba por encima de los árboles y miraba hacia dónde debían continuar. Cada uno de los amigos llevaba su parte del botín común.

Una semana después regresaron felices y llenos de experiencias. Los animales se maravillaban con sus historias y preguntaban: ¿cuál era la lección más importante que los amigos habían aprendido durante su viaje?

El Hámster y la Mariposa respondieron después de pensarlo.

¡La verdadera amistad se fortalece con las pruebas! Y ayuda a superar obstáculos que uno solo no podría vencer. ¡Eso es lo más importante!

Desde entonces, todos los animales del bosque aprendieron a valorar la amistad aún más.

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