¿Nunca te has preguntado qué sucede en los libros que están en los estantes y que nadie lee? Resulta que los personajes de los libros viven su propia vida tan pronto como cierran el libro y lo ponen en el estante.
En el abecedario, los personajes principales son las letras. Y ellas también cobran vida tan pronto como el libro se cierra y se coloca en el estante.
En la habitación de María había muchos libros, le encantaban. Pero después de leer un libro, María lo ponía en el estante y nunca volvía a releerlo. En su estante también estaba el Abecedario, con el que María aprendió a leer hace tiempo.
En este Abecedario vivían 27 letras. Vivían tranquilamente, pero un día la letra Y, conocida por ser una alborotadora, decidió hacer una revolución en el libro. No quería seguir siendo la última.
¿Por qué tengo que estar al final? Soy la letra más importante, sin mí no se puede. Soy una letra y además una palabra completa. Anda, cédeme tu lugar.
Le dijo la letra Y a la letra A.
Pero no eres tú quien decide cómo deben estar ordenadas las letras. Cada una tiene su turno. ¿Por qué deberías ser la primera?
Preguntó la letra A.
Porque yo lo he decidido. Si no lo haces por las buenas, lo haré por las malas.
Amenzó la letra Y y empujó a la letra A fuera del Abecedario, ocupando su lugar.
Y entonces comenzó algo extraño. La letra A desapareció de todas las palabras del abecedario, y la letra Y ocupó su lugar. La palabra "abuelo" se convirtió en "ybuelo", en lugar de "águila" ahora era "yguila".
Las letras quedaron muy sorprendidas por esta vecindad. Pero cuando fueron a buscar a la letra A para que les explicara, no la encontraron en absoluto. En la casa de la letra A ahora vivía la letra Y. Y en todas las páginas del abecedario ahora brillaba la usurpadora Y.
¿Y dónde está la letra A?
Se preguntaban las letras entre sí.
La letra A, la letra A... ¿para qué la necesitamos? Ahora yo estoy en su lugar.
Respondió con orgullo la letra Y.
Pero ¿cómo es posible? Sin la letra A no podemos arreglárnoslas.
Dijo la letra C.
¿Y eso por qué?
Preguntó la letra Y.
Porque la mayoría de las palabras terminan en A, y ahora obtenemos "perrya", "gatya", "mesya", "tortugya"...
¿Y qué tiene de malo en esas palabras?
Preguntó la letra Y.
Suenan ridículas, ¿no lo oyes?
Respondió la letra C.
Para mí no suenan ridículas en absoluto. Todo está como debe ser. Si a alguien no le gusta, no los retengo aquí. Pueden irse tras la letra A.
Dijo la letra Y.
Las letras estaban desconcertadas. Esta situación no les gustaba nada, pero ¿cómo arreglarlo?
Afortunadamente, una amiga de María vino a visitarla con su hermana menor, una niña llamada Yana, que tenía 6 años e iba a empezar la escuela pronto.
Este es el Abecedario, mi primer libro. Te ayudará a aprender a leer.
Dijo María y le pasó su Abecedario a Yana.
Ya sé leer un poco.
Dijo Yana y abrió el abecedario en la primera página.
Yana vio que este Abecedario era diferente al que estaba usando para aprender a leer, pero aun así intentó leer las palabras.
Yguila, ybecedario, ybuelo...
Leyó Yana.
No estás leyendo correctamente. Debería ser "águila", "abecedario", "abuelo".
La corrigió su hermana.
Pero aquí está escrito así.
Dijo Yana ofendida.
Déjame ver.
Dijo María y tomó el Abecedario en sus manos.
Y efectivamente, la niña vio que en la primera página en lugar de la letra A estaba la letra Y. María comenzó a pasar las páginas del Abecedario y notó que en su Abecedario faltaba completamente la letra A.
¡Esto no está bien!
Dijo María y tomó un marcador rojo.
Comenzó a tachar la letra Y en aquellas palabras donde no debería estar. Tardó mucho tiempo, pero María corrigió cuidadosamente todas las palabras. Luego cerró el Abecedario y lo puso en el estante.
Y sucedió un milagro, la letra A regresó. Volvía a estar en su lugar, y la letra Y en el suyo.
A la letra Y no le quedó más remedio que aceptar su posición. La letra Y comprendió que no debería haberse comportado así, porque cada letra en el Abecedario tiene su propio lugar y no debe alterarse.