En un pequeño pueblito a orillas del mar vivía una niña llamada Anita. Vivía junto a su papá y su mamá en una casita. El patio de la casa estaba lleno de hermosas flores que la niña cuidaba junto a su mamá, y junto a su papá Anita solía ir a pescar.
Por las noches a la niña le encantaba meterse bajo la manta calientita, su mamá le daba té caliente con torta casera y le leía cuentos. Anita siempre esperaba con ansias una nueva historia, porque en ellas siempre ocurrían maravillas.
Una hermosa noche su mamá le contó a la niña un nuevo cuento sobre un príncipe encantador que se enamoró de una joven y se la llevó a su lujoso palacio.
Cuando su mamá apagó la luz del cuarto y le deseó buenas noches, la niña se acomodó bien y comenzó a soñar que algún día también en su vida aparecería un príncipe que la amaría, vivirían juntos en un gran palacio lujoso, y él siempre la protegería y cuidaría de todas las adversidades.
Cada día Anita imaginaba que en el patio del palacio crecerían las flores más variadas, también habría un enorme jardín con árboles frutales. Ella, con un hermoso vestido, se sentaría en un día soleado y cálido a la sombra bajo un frondoso manzano y leería nuevos e interesantes cuentos mágicos. Con el príncipe vivirían felices para siempre, y nadie podría separarlos.
Pasó el tiempo y la pequeña niña se convirtió en una joven hermosa. Sus padres habían fallecido hacía algunos años, y ahora vivía en su casita a orillas del mar completamente sola. En las tareas del hogar la ayudaba una viejita que desde la infancia trataba a la muchacha como a su propia nieta, y Anita a cambio también ayudaba a la abuelita en la casa, en la huerta y en el jardín.
Una de las noches, cuando la joven belleza ya había apagado la luz de la casa, encendió su lamparita de noche, bajo la cual de niña su mamá le leía cuentos, se acomodó bien, y de repente tocaron a la puerta.
¿Quién es?
Preguntó sorprendida la joven.
Como respuesta solo silencio. Anita se acercó a la puerta y escuchó atentamente. De repente se oyó de nuevo el golpe, más insistente que antes.
¿Pero quién está ahí? ¿Por qué no responden?
La curiosidad venció a la joven, y con cautela abrió la puerta. En el umbral había un hermoso caballo blanco. Su larga melena ondulada de color dorado caía casi hasta el piso, y las herraduras doradas brillaban con luz intensa.
¿De dónde saliste vos?
Exclamó Anita.
¿Dónde está tu dueño? ¿Por qué estás solito a esta hora tan tarde?
El caballo solo movía la cabeza agitadamente, como llamando a la joven hacia el bosque.
¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan inquieto?
Entonces el caballo se paró en las patas traseras y relinchó tan fuerte que la joven retrocedió asustada.
¿Querés que vaya con vos? ¿Por eso viniste a golpear mi puerta? Ahora, ahora me pongo un suéter nomás, esperame, lindo!
Anita inmediatamente se puso un saco, se calzó y salió corriendo detrás del visitante nocturno. Al encontrarse en el bosque espeso y oscuro adonde la llevó el caballo, la joven de repente vio en el suelo el cuerpo ensangrentado de un joven. Anita pensó que el muchacho estaba muerto, se inclinó sobre él, y de repente escuchó el latido del corazón.
¡Está vivo!
Gritó ella.
¡¡¡Alguien, ayuda!!!
Pero en el bosque reinaba un silencio absoluto, y no había nadie alrededor. Anita intentó subir al joven al caballo, pero no tenía suficiente fuerza.
Y entonces el bosque se iluminó con una luz brillante, como si la noche se hubiera vuelto día, y de la nada apareció una hermosa joven. Agitó una varita mágica, y Anita de repente sintió que se volvía más fuerte. La salvadora levantó al joven y lo subió al caballo, que los llevó a ambos hasta la casa de Anita.
Pasó un día, el joven volvió en sí. La joven lo cuidó toda la noche, no le quitó los ojos de encima, preparó una infusión de hierbas con la receta de la abuelita y le dio de beber al muchacho toda la noche.
Tiempo después Anita y el joven se casaron, resultó que él era un príncipe y vivía en un palacio maravilloso.
La joven recordó cómo hace mucho tiempo su mamá le decía:
Hijita mía, cuando crezcas, seguro vas a conocer a tu príncipe, que te va a amar, proteger y cuidar. Creé en tus sueños, y el cuento de hadas llegará a tu casa y todos tus sueños se harán realidad.
Y entonces Anita comprendió: allá, en el bosque, cuando la joven ya no tenía fuerzas, el cuento de hadas la ayudó. ¿Y vos leés cuentos, creés en los milagros?